Zurich Rock’n’Roll Running Series Madrid volvió a ser el espejo de las causas solidarias.
La Zurich Foundation donará 1€ por cada uno de los 38.943 finishers.
Varias iniciativas visibilizaron diferentes tipos de discapacidad participando en la carrera
Correr kilómetros cuesta. Competir un 10K, un medio maratón o los 42 kilómetros y 195 metros de Zurich Rock’n’Roll Running Series Madrid suponen un esfuerzo. Pero cada uno de los llegados a meta supone una recompensa para los que más lo necesitan, porque la Z Zurich Foundation se encarga de donar un euro por cada uno de los finishers a una causa solidaria.
En 2026, los 38.943€ (cifra récord de llegados, y de donación), se destinarán a UNICEF a favor de la Alianza para la Salud Mental de Niños y Jóvenes, cuyo objetivo es mejorar el bienestar emocional y reducir el porcentaje de niños, niñas y jóvenes en riesgo de padecer algún problema de salud mental tanto en España como en crisis humanitarias.
Pero esa no es la única pata solidaria del evento. El domingo, como es tradición en la carrera, los más desfavorecidos volvieron a ser protagonistas en las calles de Madrid. Desde el Disfriendly Relay Marathon Team, apoyado por Coca-Cola España, un relevo muy emotivo formado por 10 personas con discapacidad psíquica hasta el Team Espada de NTT Data, en el que un equipo acompaña al ingeniero Carlos García Espada, afectado de ELA, a completar el maratón.
También hay que destacar el equipo solidario de AEFAT, la Asociación Española de Familias con Ataxia Telangiectasia, que un año más se encarga de que los afectados corran por la inclusión y la visibilidad.
Y el pasado domingo fue la primera vez que Alex Roca, un auténtico ejemplo de superación, participaba en Zurich Rock’n’Roll Running Series Madrid. Su 76% de discapacidad física no le impidió completar la media maratón, pero con un carácter muy especial: en el último kilómetro lo acompañó Andrés Marcio Olona, una de las 100 personas diagnosticadas en el mundo con laminopatía, una enfermedad degenerativa con muy poca esperanza de vida para los que la padecen. Su entrada en meta a mediodía del domingo fue, sin duda, un halo de esperanza, visibilidad y demostración de que no hay barreras.